Estuvimos en el perla a principios de mayo, era nuestra quinta vez, los días se sucedieron con la rutina habitual del lugar, cambio casi todo el equipo de playmakers desde la última vez que fuimos en mayo pasado, creo que ha sido positivo porque los chicos le ponen mucha energía.
El lugar nuevos quedó muy lindo, el nuevo escenario y la barra de bebidas en ese nuevo espacio abierto le da un nuevo aire. La atención de toda la gente que trabaja en el complejo fue excelente como siempre, me encanta este lugar por la excelente energía que irradian toda la gente que allí trabaja.
Me quedo un sabor agridulce, primer punto, La manada que me tocó quizá en promedio tenía 60. Nosotros andamos por 45 y no estamos en lifestyle, la actividad en la sala de juegos fue nula, obvio que estuvimos unos días pero siempre solos.
La playa ha desaparecido, prácticamente no tiene arena , mucho sargazo que no lo limpiaron en los días que estuvimos y por lo tanto pasar un rato en las tumbonas que dan al mar no era una opción. Menos aún que se arme un partido de voley. Las habitaciones que nos toco, si bien funcionaba todo, le faltaba mantenimiento, las puertas arrastraba, la pintura algo opaca, necesita un re fresh, el parque y su naturaleza como siempre impecable. La comida en los restaurantes temáticos fue correcta , pero el buffet era bastante repetitiva.
Insisto que como no estamos en lifestyle hay mucho de la actividad cotidiana que me estoy perdiendo con lo cual está opinión no es representativa del espíritu del lugar. A nivel pareja nuestras expectativas y nuestra batería se cargó al 100 %, que es lo que venimos a buscar, hacer algo distinto y disfrutar de la libertad del lugar. Conclusión: Hablábamos con mi esposa que quizá el año que viene vallamos al RM.
